El voluntariado ha supuesto para mí una de las experiencias más gratificantes. Desde que empecé en 2010 he estado dos años consecutivos en talleres de verano, fundamentalmente orientados al ocio, para niños con TEA, en los que me encargaba a diario de un niño de 9 de la mañana a 2 de la tarde. Con los niños las experiencias fueron estupendas, durante la mañana podía haber gritos, llantos y problemas, pero una solo mirada, una sola sonrisa de uno de los niños ya hacía que todo mereciera la pena.
Este año realicé mis prácticas en un CAIT de Huelva, concretamente Ansares donde aprendí muchísimo, y ahora mismo voy cada jueves de voluntaria a echar una mano en las terapias, con los niños, a veces me puedo preparar material e intervenir directamente, otros días estoy de apoyo u observando, pero simplemente estando allí, aprendo muchísimo.
Personalmente recomiendo a todo el mundo que tenga tiempo a realizar alguna actividad de este tipo, ya que a parte de aprender, adquirir sentido de la responsabilidad, del deber y ayudar a otras personas, te lo pasas bien y lo más importante, te sientes bien.
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